1. Es fácil

No tengo que pasar años en las montañas para alcanzar la iluminación. No tengo que dejar nada, ni pasar semanas en silencio. No tengo que aprender mantras o llevar una ropa determinada, ni siquiera tengo que intentar despejar la mente. La meditación simplemente tiene lugar de manera espontánea. Las clases son sencillas y entretenidas, y si mantengo mis diez minutos de meditación diaria, veo que cada vez medito más profunda y tranquilamente, y con más regularidad.