1. Es fácil

No tengo que pasar años en las montañas para alcanzar la iluminación. No tengo que dejar nada, ni pasar semanas en silencio. No tengo que aprender mantras o llevar una ropa determinada, ni siquiera tengo que intentar despejar la mente. La meditación simplemente tiene lugar de manera espontánea. Las clases son sencillas y entretenidas, y si mantengo mis diez minutos de meditación diaria, veo que cada vez medito más profunda y tranquilamente, y con más regularidad.

2. Es gratis

No pago nada por meditar. Incluso el curso introductorio era gratis. No hay trampa ni gastos inesperados. Si faltaba una semana no pasaba nada, simplemente retomaba las sesiones cuando podía. Es sólo el espíritu generoso de otros practicantes de Sahaja Yoga lo que permite que esta técnica se imparta gratuitamente a quien lo desee.

3. Veo resultados

Percibí los beneficios desde la primera vez que medité. Me quedé relajada y con una profunda sensación de paz. Ahora también soy capaz de sentir mis chakras (mis centros de energía) y, a través de las técnicas que he ido aprendiendo, puedo entender las vibraciones de mis propios centros de energía. Cuando no me encuentro bien, medito, utilizo las técnicas de limpieza que he aprendido y así puedo sentir cómo mis centros se limpian y, en consecuencia, mi salud mejora.

4. Es incluyente

Sahaja Yoga reconoce y respeta todas las principales religiones y sus principios fundamentales. No hay un sólo camino verdadero o falso, y con la meditación se percibe y entiende con facilidad la sabiduría de todos los grandes maestros y santos (de la Historia). De hecho, desde que medito veo que he empezado a apreciar y comprender mejor las enseñanzas de grandes maestros como Lao Tsé, Buda o Mahoma.

5. Soy mi propio maestro

Medito y hago introspección a mi propio ritmo. No tengo que seguir el ritmo de otras personas, ni me siento forzada a hacer nada con lo que no me sienta cómoda. Soy mi propio maestro, mi propio gurú, mi propio profesor. Esta técnica de meditación me da fuerza y me permite ayudarme a mí mismo, no tengo que depender de nadie (para ello). Por supuesto, hay muchas personas que practican Sahaja Yoga y que me pueden enseñar mucho sobre la meditación y sus múltiples técnicas, pero todo lo que necesito está dentro de mí, en última instancia.

6. Está en cualquier parte

Sahaja Yoga se practica en casi cualquier país del mundo, por lo que no importa a dónde viaje dentro de Australia o en el extranjero [la autora de este artículo es australiana], ya que siempre puedo localizar un centro de Sahaja Yoga y asistir a una meditación. Siempre que puedo, esté donde esté, intento ponerme en contacto con otros sahaja yoguis y disfrutar con ellos de una meditación colectiva (la meditación colectiva es una experiencia mucho más fuerte y profunda que la meditación individual).

7. Se lleva puesto

No tengo que llevarme nada para meditar: ni esterilla, ni pociones, ni ropa ni libros particulares. Puedo meditar donde quiera, sea en un cuarto silencioso o en un autobús lleno de gente, en la playa o viendo una película. La conciencia sin pensamientos (el estado de meditación) es fácil de conseguir si se medita con constancia, y se puede experimentar en casi cualquier situación. (Saber esto me alegró mucho, porque vivía en el error de pensar que tiene que haber un completo silencio para poder meditar, y con dos críos en casa es muy difícil que haya “silencio total”.)

8. Tiene sentido

Todo lo que he aprendido tiene sentido. En esta meditación hay una buena dosis de sentido común y, aunque no sabía muchas cosas cuando empecé (por ejemplo, los chacras y sus respectivas cualidades), cuando empecé a aprender más cosas sobre la meditación, todo me resultaba muy normal y natural.

9. Diversidad social

Cuando empiezas a practicar un hobby o te unes a un nuevo grupo de personas, normalmente descubres que las que asisten pertenecer a un cierto tipo de personas. Por ejemplo, hay grupos que atraen principalmente gente joven, otros atraen a la gente mayor; algunos grupos se nutren de gente rica, y otros viven en un determinado barrio de la ciudad. En Sahaja Yoga encontrarás gente de todo tipo: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, ricos y pobres, todo tipo de tamaño, forma y color, con todo tipo de intereses, idiomas y creencias. No tienes que pertenecer a un determinado tipo de gente para practicar esta meditación. Ésa es una de sus rarezas: que va bien para todo el mundo.

10. Me siento bien

No falla, cada vez que me siento a meditar, me siento mejor, no importa si medito con más o menos profundidad. Desde que medito, en mi vida hay más sonrisas, más alegría y satisfacción, y en consecuencia también mi familia y amistades están sintiendo los beneficios.